domingo, 2 de junio de 2013

Pakistán y los rascacielos naturales

Durante el transcurso de mi viaje no han sido pocos los que me han preguntado cual es el motivo que me lleva a un país aparentemente tan peligroso. Y mi respuesta ha sido siempre la misma: primero por las grandes montañas, segundo por la fuerte creencia musulmana, y tercero para desmentir muchos de los tópicos que se dicen sobre Pakistán.


Empecemos con lo más importante: la seguridad. Por ahora puedo hablar solamente de la parte del norte, Gilgit-Baltistan, que es la provincia donde estoy, y cabe destacar que esta zona montañosa es muy tranquila, sin talibanes y totalmente segura. La evidencia más clara de ello es la ausencia de policía: mediante la intervención de un grupo comunitario resuelven los conflictos. De esta manera se respira una tranquilidad y honestidad envidiable.


La religión la cual creen es musulmana, de la rama ismailí, siendo la diferencia de que siguen a su líder espiritual y profeta llamado Prince Karim Aga Khan. Comparando con otras ramas de la religión da la impresión de que son más liberales en cuanto a restricciones y quehaceres. La mujer, siendo conscientes de que estamos en un país musulmán, tiene cierta libertad y son tratadas con respeto: no tienen limitaciones para poder trabajar fuera de casa o pasear por su cuenta y alguna incluso se atreve a hacerme caso. Tampoco hacen el ramadán, ni lloran durante un mes como los chiítas, ni asisten a mezquitas convencionales con megafonos hacia el exterior.

Desde el atentado del 9/11, el turismo ha sufrido un duro golpe, y la situación tampoco ayudó cuando los medios de comunicación anunciaron la muerte de Osama en el norte del país. Los locales me cuentan cómo hace 15 años las calles, hoteles y caminatas se llenaban de extranjeros, pero hoy en día en cambio, puedes caminar durante días por la montaña o pueblos y no encontrar a nadie mas que locales: en el primer pueblo, Passu, estuve totalmente sólo. Hay mucha diversidad en el país, y los ataques terroristas que ocurren en el sur tienen efectos secundarios en el norte. Poca gente quiere visitar el país.


Hay abundante agua, frutas como cerezas, manzanas y melocotones, y piedra para construcciones decentes. Mediante canales de piedra, el agua que llega de los glaciares es enviada a diferentes barrios. Algunos pueblitos dan la sensación de vivir en la Edad Media.



Continuando con el paisaje, es uno de los lugares más impactantes que mis ojos hayan presenciado. La salida de China fue espectacular, pero las montañas altas se encontraban separadas por valles anchos. Por el contrario, en Pakistán los valles desaparecen y las montañas se juntan sintiéndote una pequeña hormiga entre monstruos de 7000 y 8000 metros.


Cuando el tiempo es favorable, enormes picos vestidos de blanco aparecen en cada dirección, con estrechas carreteras que les pasan por los tobillos. Es un paraíso de rascacielos naturales. He tenido mis primeras experiencias con glaciares y puentes colgantes, pero como cada detalle no se puede contar, esas historias me las reservo para la vuelta.




Me he asentado durante unos días en Karimabad, el pueblo principal del valle de Hunza. Tienen un peculiar idioma local llamado burushaski, que al parecer puede tener cierta relación con el euskera (vasco). La gente, verdaderamente amable, hace mucha vida en la calle y me paso horas manteniendo conversaciones interesantes. Hay un hombre que me ha sorprendido al hablar castellano, pero no por el hecho de conocer el idioma, sino por la forma en el que habla: es idéntico a un casero de Aia. De esta forma, sin saber cuál es el motivo exacto, me estoy sintiendo como en casa.

Resumiendo las primeras impresiones, la buena gente, lo barato que es, la seguridad y el placer de la vista con parajes sobre cogedores hacen de esta zona merecedora de visitar. De esta manera desmiento el primer tópico acerca de que Pakistán sea uno de los países más peligrosos.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Noroeste de.... ¿China?


Desde mi salida de Mongolia y entrada a la provincia de Xinjiang me sorprendo aún más de la variedad de China. Si a uno le cerraran los ojos y le dejaran en la mitad de la parte vieja de Kashgar por ejemplo, nunca acertaría que se encuentra dentro de los límites fronterizos chinos.




El budismo y el taoísmo se convierten en islam, el nam o pan redondo le saca ventaja a los noodlles, el chino deja de ser hablado por el uigur y las caras blancas con ojos casi cerrados se transforman en pieles oscuras con mustacho negro. La obligación de tener que permanecer a un país tan diferente a veces complica la convivencia y las situaciones se convierten tensas. ¿La razón por la que esta provincia sigue siendo China? Ha llegado a mis oídos que esta provincia aunque sea desértica y muy árida es rica en uranio, gas natural, etc. Y a que país le interesaría perder tal tesoro.





Hace unos años hubo grandes protestas y matanzas por parte de la gente local, los uigur. Mucha gente de la raza "han" fue asesinada en Urumuchi y otras ciudades. Desde entonces reforzaron la seguridad y parece que el ambiente está relajado. De todos modos tanto los universitarios como los funcionarios tienen prohibido rezar, incluso en su tiempo libre y por tanto no pueden asistir a los rezos en las mezquitas. Nadie me podrá negar la fuerte creencia de los musulmanes y lo delicado que es tratar sobre la religión.




Por otro lado, hoy en día tienen ciertas ayudas: mientras que la mayoría de la gente está obligado a seguir la política de tener un sólo hijo, ellos pueden tener más de uno y además reciben ayuda económica. Aunque una ayuda siempre es bienvenida, no se qué me parece que son simplemente pequeños tranquilizantes para calmar los ánimos. Porque sin ninguna duda, no tiene mucho sentido que un territorio de tan gran diferencia tenga que ser parte de China. Ellos lo tienen claro: se consideran más turcos que chinos.





Hace un tiempo conocí una señora que me habló de una carretera llamada Karakorum Highway. Me comentó lo espectacular que era el paso que salía de China y entraba a Pakistán, a una altura de 4800 metros. Con grandes expectativas, conseguí una moto para que pudiera recorrer el camino a mi parecer, y me puse en marcha hacia la autopista más alta del mundo. A pesar del gran frío, disfruté de las impresionantes vistas. Había valles anchos con montañas de 7000 m de altura, lagos de color azul oscuro, y animales como vacas de gran pelaje (a alguno le llegaba hasta el suelo) o camellos. Estaba cumpliendo con uno de mis sueños.




Tuve qué dejar la moto antes de llegar a la frontera, ya que en realidad no podía conducir la moto sin tener el carnet chino. A los oficiales no les hacen gracia los viajeros independientes, pues es muy difícil de seguirles el rastro. Mientras que viajes en transporte público y te alojes en hostales todo va bien, ellos conocen cada paso que das. En el momento que consigues tu medio para moverte tienes mucha más independencia. Y eso al gobierno chino le asusta. Tiene una obsesión terrible por controlar todo y se de historias de viajeros que han intentado hacer un plan alternativo e independiente pero que la policía les ha hecho la vida imposible. Por suerte, ninguno de los controles que pasé me pidió más que el pasaporte, y llegué sin problemas a la ciudad de Tashkurgan. Una furgoneta me llevó durante los últimos kilómetros y entré a Pakistán. El camino fue verdaderamente espectacular. Hasta otra China.




Por adelantar algo de este país tan temido y con tan mala fama después del 11-S, decir que es uno de los lugares más impresionantes que he visto en el mundo, y que la gente es verdaderamente amable, por lo menos aquí en el norte. Pero de eso trataré en el siguiente post.

domingo, 14 de abril de 2013

Mongolia

Una vez explicado la situación de China, no me parece que sea extraño mi deseo de ver el horizonte y el cielo azul, sin nubes “raras”. Las previsiones asustaban, y es que visitar Mongolia a finales del invierno no es la mejor opción, mas llevaba un buen tiempo soñando con las llanuras y los caballos mongoles y estaba dispuesto a pasar de temperaturas cálidas hasta los -25 grados. Había leído en el libro de Marco Polo lo grande que fue hace cientos de años el imperio de Gingis Khan, llegando su poder hasta las lejanas tierras turcas. Los mongoles todavía tendrían que tener esa fuerza y orgullo en la sangre.


Según pasé la frontera por la parte este de Mongolia en la mitad de una gran tormenta de nieve (las temperaturas habían bajado hasta los -10) el comportamiento de la gente cambió dramáticamente. Y es que los mongoles no son grandes fans de los chinos. Para empezar, el idioma mas universal del mundo, el corporal, empezó a funcionar mucho mejor, había un mejor entendimiento. El primer pasaje de tren hacia la capital pude comprarlo para el mismo día y sin ninguna complicación. En el tren se respiraba un ambiente tranquilo, no había necesidad de hablar tan alto como para que las voces se escucharan por todo el vagón, y después de 12 horas de viaje, el servicio seguía limpio, sin excrementos, ni noodles, ni plásticos. Que alivio. Conocí a un mongol en el mismo viaje, quien después de una larga conversación me facilitó su numero de teléfono y me ofreció su ayuda para lo que necesitara. La cosa no podría empezar mejor.


El tiempo fue tan frío como lo esperado, la mayoría de los días por bastante debajo de los cero grados, sin embargo, al ser un frío seco y con una media de 255 días de sol al año se soporta bien. Consecuencia de este clima, la piel de los mongoles suele tener un buen bronceado. La mayoría de los mongoles tienen una constitución fuerte, y las mujeres no se quedan atrás. Lo que me llamó mucho la atención fueron los dedos de las mujeres, cortos pero bien gruesos. Tienen una apariencia seria y no abundan las sonrisas. Pero eso no significa que sean poco amigables. Para nuestra cultura una sonrisa al principio de cualquier relación supone una buena primera imagen. En cambio, cuando nadie nos devuelve la sonrisa calificaríamos a esa gente como antipáticos, pero puedo asegurar de que esta gente tiene buen corazón detrás de su gran capa de hielo. El clima hace endurecer una persona.




















 En todas las casas tienen algún sistema de calefacción, y en Ulan Bator, la capital, tienen un gran problema de polución por la cantidad de carbón quemado alrededor. Por el contrario, en el campo, a cientos de kilómetros de la capital donde es difícil encontrar madera o carbón, queman excremento seco de caballo. La gente vive en “gers”, una carpa redonda con una “chimenea” en el centro. Ulan Bator se encuentra en plena fase de desarrollo. Todavía faltan muchas carreteras por asfaltar, pero los grandes cantidades de esqueletos de los edificios en construcción delatan su expansión.
Curioseando, una tarde encendí la televisión para ver que clase de anuncios que tienen, ya que muchas veces estereotipan el perfil ideal de la sociedad. Aparecía el clásico campesino mongol montado en su nueva Yamaha, supuesta mente hablando de las buenas cualidades de la moto japonesa. Los caballos están quedando atrás. Coca-cola les envía mensajes de felicidad si consumen su producto mediante chicos y chicas jóvenes sonrientes vestidos de manera moderna y compartiendo la bebida. Por ultimo, los móviles van haciendo hueco, y los modelos europeos de hace 5-10 años son anunciados como modelos de ultima generación.

La comida de basa en la carne, mal destino para los vegetarianos. Carne de vaca, caballo, cabra, oveja, etc. Todo vale. Beben un extraño te con leche y sal, algo que nunca había visto en ningún otro lugar, y la verdad que tampoco me causó gran fascinación. La leche es algo muy apreciado. Cada mañana, mediante una cuchara lanzan pequeños chorros de leche hacia el cielo, pidiendo que salga todo lo negativo de sus cuerpos. También tienen una bebida alcohólica hecha mediante leche fermentada. Cada otoño ordeñan los caballos y dejan reposando durante todo el invierno a una temperatura que se mantiene al límite de congelarse. Cuando llega la primavera sacan la leche fermentada y lo celebran durante el festival que acontece durante esa fecha.

Refiriéndome al paisaje, fue mas o menos lo esperado. En el perímetro de la ciudad hay miles de chabolas y gers, que me recordaba a las fabelas de Rio de Janeiro. Tan pronto que uno se aleja de la ciudad, empiezan las grandes llanuras, se acaba el asfalto y empieza la aventura. Mongolia es el país menos denso del mundo, y cierta leyenda afirma que hay mas caballos que personas. Montado en un viejo autobús ruso 4x4 crucé el país de este a oeste, pasando por un extremo del desierto de Gobi, por encima de ríos congelados y por pequeñas aldeas nómadas en la mitad de la nada. Caballos, camellos y águilas, montañas de arena y llanuras infinitas fueron mi dosis de medicina después de las grandes ciudades de China.


La próxima vez que vuelva será cuando las temperaturas sean mas cálidas. El frío me ha limitado y me he quedado con ganas de descubrir partes remotos del país. El mes ideal debe de ser septiembre, cuando las masas de los turistas han vuelto a casa, las lluvias del verano se han marchado y el tiempo empieza a refrescar, todavía con posibilidad de acampar libre. Pero eso, otra vez será.



jueves, 28 de marzo de 2013

Sencillez y elegancia

Antes de pasar página y proseguir escribiendo sobre el país donde estoy actualmente, Mongolia, he pensado en hacer un último post, un pequeño detalle que quería remarcar. Es sobre la sencillez y la elegancia que pueden mostrar ciertos países. Si nos paramos a pensar, puede que las dos palabras tengan un toque contradictorio. Puede un país mostrarse sencillo y a la vez elegante?


Empezando con la sencillez, es algo que echo de menos en países
“avanzados” o “desarrollados”. Poco a poco las normas, la globalización y
el qué dirán de nosotros nos acorralan, y nos convertimos en clones.
Entiendo que el ser humano necesite unas reglas, unos límites para mantener cierto control, mas poco a poco esas limitaciones se van estrechando y nos permiten menos margen. A veces me siento con falta de libertad. Un ejemplo: en Singapur está prohibida la venta de chicles.



Me gusta caminar por las calles de una ciudad y encontrarme con triciclos convertidos en puestos de venta callejeros. Venden zapatos, verduras y hasta peces. Esos hombres no necesitan permisos ni  tienen complicaciones burocráticas. Sigo más adelante y apenas doy diez pasos cuando veo una cuerda que va de árbol a árbol a un lado de la calle.. Camisas, pantalones y ropa interior cuelgan de ella secándose al sol. Os imagináis si algún vecino vuestro hiciera eso? Al final de la misma calle, unas personas miran un panel donde cuelgan el periódico del día, mientras que otros se divierten con el ajedrez chino. Se sientan en el suelo, apoyan un tablero improvisado que es un mantel pintado, y empiezan a mover las fichas que deben de tener unas cuantas décadas. Pero eso no importa.



Si hay que transportar ciertas cosas pero es imposible conseguir una camioneta o un coche, se hace lo que se puede. Te das cuenta de las posibilidades que te da una pequeña moto. En otras partes de Asia las limitaciones son mayores y poca gente puede comprarse una moto. Entonces se sacan los tractores  de  dos ruedas de los arrozales, que son utilizados para remover la tierra, y un pequeño remolque es acoplado al tractor. Allí va toda la familia de paseo.


















Por otro lado, estos países asiáticos son famosos por las calles caóticas que tienen. El tráfico es horrible: miles de motos y algunos autobuses que no respetan las señales de tránsito invaden la carretera.  Para un occidental es un autentico desastre, pero al cabo de un tiempo lo vas entendiendo, y te das cuenta que es un caos con cierto orden. Además, observando detalles, entre ruido, polución y suciedad aparece la elegancia. Son imágenes que se quedan reflejadas en mi retina y en ese momento procuro sacar la cámara lo antes posible, e inmortalizar ese momento que me ha llamado la atención. Una flor, un jardín, una expresión. Puede ser cualquier cosa. Y es que hablando de China, tengo que decir que los jardines, templos y palacios son verdaderamente impresionantes. La decoración de los jardines es considerado arte, y como me decían, cuando ves un jardín en China, lo tienes que observar de diferentes posiciones para poder apreciarlo. Lamentablemente no soy un fotógrafo profesional y muchos de los intentos se quedan simplemente en eso, en intentos. Estas fotos son parte de mi esfuerzo.














Me gustaría si un día pudiéramos volver atrás para hacer nuestra vida más sencilla, dando más importancia al sentido común y a la lógica que a las  leyes escritas. Desafortunadamente, la realidad es que cada vez, mientras más avanzamos en tiempo, más restringidos y controlados estaremos.

miércoles, 20 de marzo de 2013

中国的第一印象


¿Entendéis chino? Me imagino que vuestra respuesta es negativa, al igual que la mía, y la cara que tenéis ahora mismo intentando saber lo que pone en el título, es la misma cara que se me queda cuando miro cualquier papel, cualquier señal. En esta parte del blog intentaré hacer un resumen de mis primeras impresiones de este vasto país. Ese es el título del post.

Restaurante chino: elige que comer

Te acercas a la estación de tren o autobús con la intención de comprar un pasaje para la siguiente ciudad. Hay 20 taquillas numeradas, en cada una habrá más de 40 personas esperando. Hay un panel electrónico enorme en la pared y por lógica supongo que será la información de horario y disponibilidad del transporte. Al azar me pongo en una fila, y espero unos 40 minutos. Cuando llega mi turno intento explicar lo que quiero: un pasaje para tal ciudad, para tal fecha. Le enseño el papel donde tengo escrito el nombre de la ciudad en chino. Antes de llegar a China sabía que con los trenes te puedes mover a casi qualquier sitio. Lo que no sabía es que tienes que hacer la reserva con una o dos semanas de antelación para garantizar asiento. Y como mis viajes no son planeados, ni quiero tener tanta dependencia a comprar un billete una semana antes, empiezan los problemas. Meyo, me dice (no hay). Intento preguntar para cuando hay disponibilidad. No me entiende. Le señalo el calendario, y después le hago la pregunta muy despacio y exagerando la entonación de la interrogación. Meyo meyo ! Sigue sin entender, y el de atrás se me está intentando colar por la izquierda. Le cierro el paso, y sigo insistiendo para comprar el pasaje. Al de un rato me entiende, y me señala que el próximo tren disponible es dentro de 10 días... ¿Me está diciendo que no hay ni un asiento libre en 10 días para la siguiente capital? ¡Pero si salen 5 trenes enormes diarios! Se desespera, me desespero, y me manda a otra taquilla.

Grupo de amigos en Yangshuo
Esta complicación lo vivo a diario, tanto cuando estoy buscando una calle como cuando quiero comer. La mayoría de las veces me lo tomo a risa, e intento disfrutar, sin embargo a veces se convierte en impotencia. Al final de un tiempo aprendes pequeños trucos, y te vas haciendo a las situaciones. El idioma más internacional del mundo, el corporal, siempre ayuda. Además hay que destacar las buenas maneras de muchos jóvenes. Los chinos pueden ser muy vergonzosos, muy pocos sabrán inglés, mas si hay alguien alrededor que te pueda echar una mano, te vendrá y te ofrecerá ayuda. A la llegada a cada nueva ciudad no pasaron más de 15 minutos antes de que alguien llegase a mi rescate.


Carne cruda congelada de "yak"
Sobre la comida, los chinos tienen fama mundial de comer cosas estrañas (para nosotros). Serpientes, ranas, tripas de los animales, perros, etc. Pues es verdad. Te dirán que las serpientes son deliciosas, y comer las patas de las gallinas parace parte de su cultura. Me parece curiosa la situación de ver una bonita china bien vestida con una pata de gallo en la mano, disfrutando del manjar. Aun así, como muchas veces eligo la comida a suerte, o lo que le vea al de al lado, no me entero de los ingredientes y todo sabe muy bien. Desde mi ignorancia, me sorprendió saber que la famosa pasta italiana tiene los origenes en China.

El crecimiento económico, las nuevas oportunidades y ganas de triunfar llevan a cabo secuelas en la sociedad. Leí algunos libros sobre la cultura china, y soñando llegué a estas tierras esperando ver con mis ojos lo imaginado mientras leía aquellos libros, muchas supersticiones sobre todo. La realidad encontrada ha sido muy diferente. Con los pocos que he podido mantener una conversación decente me confirmaban que esas historias son de hace 2 generaciones. Al parecer en las areas rurales las creencias se mantienen, pero la educación no ha avanzado como en las ciudades y no me puedo coumicar en inglés.

Nuevas maneras de relacionarse

« La gente que vive en el monte todavía cree en esas cosas. Nosotros, que hemos recibido otra educación ya no le damos tanta importancia a las costumbres antiguas y no creemos tanto en supersticiones »

Así me explicaba un chico de Chengdu. Y es que como en gran parte del mundo, la mente de los jóvenes parece centrarse en las ganas de obtener un buen trabajo, en ganar mucho dinero. En zonas como «la ciudad electrónica», donde hay más de 8 edificios enormes llenos de cámaras, móviles, computadoras, etc o en los 4 edificios dedicados exclusivamente a las gafas, pueden saciar sus ansias de consumir. 

Muñequitos en venta
Siguiendo con las grandes diferencias culturales cabe destacar el 
comportamiento en público. Por un lado, subrayando lo antes dicho, los jóvenes pueden tener tan buenos modales como para acercarse a ayudarte, y acompañarte hasta el sitio donde tengas que ir aunque suponga una hora de metro, autobús o caminar. Añadir que fuera de las grandes ciudades los jóvenes, sobre todo las chicas, pueden parecer muy infantiles comparando con Europa. Les encantan los muñequitos, no procuran vestirse como los mayores y son muy vergonzosas. Las generaciones mayores en cambio sorpenden, y es normal tanto que escupan en público como que erupten o tiren un pedo sin cortarse nada.

El tren es la mejor manera para ver todas estas costumbres. Tan pronto como el tren marcha, el vagón se convierte en un gran burbujón de tabaco. El de enfrente se quita sus zapatos, y se acomoda apoyando sus pies en alto al lado tuyo. El de al lado comienza a comer los noodles masticando con la boca abierta. Aspira las tiras de pasta a gran velocidad controlando con los palitos para que el otro extremo de los tallarines no baile en el aire. Pero en una se despista, y me salpica de tomate y salsa la camiseta... « Soly soly soly » intenta decirme en inglés.

Donde caben dos.. caben siete. Tren hacia Beijing.

Haga lo que haga siempre tengo algún espectador. Si empiezo con un libro, les entra curiosidad, me quitan de la mano e intentan leerlo. Me empiezan a hacer preguntas, a decir cosas y me convierto en centro de atención de todo el vagón. Aunque insista diciéndoles que no hablo chino y que lo siento, ellos insisten. Me hablan, gritan cosas desde todo el vagon y se ríen. Descubrí que hablar gritando entre amigos significa mostrar respeto hacia el otro, significa estar cómodo. En dos horas parece que se conocen todos desde hace mucho tiempo y comparten lo que tienen. Deduzco que todo esto se debe a su pasado comunista y a la cantidad de gente que viven en el pais.

Y es que como dije en el anterior post, China es un país enorme, y al ser tal la cantidad de personas que viven, desde Beijing no pueden controlar todo lo que pasa. Según más se alejan de la capital, cada provincia empieza a funcionar con sus reglas. A Beijing le enseñan una cara y funcionan con la otra. Dentro de unos días entraré en la tierra de los mongoles para después volver a China por el noroeste y pasar un tiempo en la provincia de Xinjiang. Quiero comprarme una moto, cosa que no está fácil para los viajeros extranjeros, pero tengo la esperanza de que esa distancia desde Beijing juegue a mi favor y se pueda hacer algun arreglo.

Grandes aglomeraciones.
Podría seguir hablando de curiosidades, anécdotas divertidas y diferencias culturales durante largo tiempo. Mis ojos están viendo mucho, y la cabeza intenta seguirle analizando todo. No obstante, siempre hay que dejar cosas que contar. De esta suerte, si alguien las quiera escuchar, a la vuelta podremos comentarlas con una cerveza en la mano.